Después de la portada nueva estilo cinematográfica, Sebastián empezó a leer El Obrador desde el celular y aparecieron los detalles que se ven cuando el diseño se aprieta. Los títulos largos se le escapaban de las tarjetas, algunas barras aparecían con las proporciones pensadas para pantalla grande, y la pestaña del navegador mostraba el globo gris genérico. Nos sentamos a pulir todo eso en una tarde.
Un diario que respeta el móvil
Le pusimos límite de líneas a los títulos y resúmenes de las tarjetas: el texto se recorta en la línea justa y aparecen los tres puntitos que avisan que hay más adentro. Ajustamos los espaciados, los tamaños de tipografía y los saltos de columna para que la portada, las páginas de proyecto y la lectura de cada nota se sientan cómodas en un teléfono, y que las tarjetas mantengan la misma personalidad que en el escritorio.
Con su cara en la pestaña
Le armé el brandmark de El Obrador —una marca minimalista con ladrillos rojos, en línea con la paleta y la guía— y lo dejé como favicon del sitio. Ahora, cuando Sebastián abre el diario y le quedan diez pestañas abiertas, El Obrador se distingue de un vistazo por su rojo señal en la fila.