Junto con Electris, Muncha también quedó andando sin conexión. Un service worker guarda en la primera visita todo lo que hace falta para jugar —la página, el binario de WebAssembly y los scripts—, así que después arranca del cache aunque no haya internet. Y con el manifest y los íconos se instala en el teléfono y se abre a pantalla completa.

Además del juego guardamos el editor de niveles, que al ser puro dibujo en el navegador funciona perfecto sin conexión: se puede diseñar un laberinto en cualquier lado y compartirlo después, cuando haya señal. Las herramientas internas de desarrollo quedaron fuera del paquete, para que el cache tenga sólo lo que usa quien juega.

Acá había un detalle lindo de resolver: el deploy de Muncha le agrega al binario una marca de versión en la URL para forzar la descarga del build nuevo. Configuramos el service worker para que compare las direcciones ignorando esa marca, de modo que la convivencia entre los dos mecanismos quedó resuelta sin tocar el procedimiento de publicación que ya andaba bien.

Para verificarlo apagamos el servidor y recargamos la página: Muncha arrancó igual, servido enteramente desde el cache.